Una Institución llamada Familia

Una Institución llamada Familia

Nuestra familia es o debe ser el centro de nuestra vida y el sitio que nos da nuestra verdadera identidad. Ocupamos el lugar de: Hijos, Padres o Abuelos. Y mantenemos el consiguiente parentesco con los demás, porque somos miembros de una familia. Pese a nuestra forma de ser y de pensar, no deberíamos tener grandes dificultades de convivencia entre cada miembro. Pero las hay, en circunstancias  tan graves que la entidad llamada familia es un lugar de rencillas y desavenencias que tornan imposible la convivencia en paz y  armonía.

Es más sencillo destruir que construir

En muchos años de consejería cristiana, he sido testigo de como la gente se destroza sin misericordia. En ocasiones por acusaciones y desencuentros a veces baladíes, que solo el egoísmo y el orgullo agigantan. Hasta el punto de transformarse en irreconciliables. Cuando lo roles y el lugar de cada integrante no están debidamente asumidos, allí crecerá un germen de la discordia. Los reclamos están a la orden del día, el malhumor aumenta, la buena voluntad y la paciencia desaparecen.

Si todo es exigencia, no hay lugar para entendimiento

Los abuelos tienen experiencia y quieren ser escuchados. Los padres son los que tienen las riendas de la casa y son los que mandan. Los hijos reclaman porque necesitan sus cosas y creen tener el derecho para hacerlo. Aquí ya tenemos los ingredientes para una buena pelea. Nadie está dispuesto a bajar la pelota al piso o bajar un cambio. ¿Ea alguien puede triunfar?  Nadie. ¿Cuantos heridos? Todos. Alguien comenta, con Uds. no se puede hablar, me voy. Otro responde, si es mejor que te vayas. Un tercero piensa ¿como salimos de este embrollo?

Se necesita ayuda ¿quien está disponible?

Al cuarto se le ocurre una buena idea. Voy a hablar con fulano. El fulano puedo ser yo u otro, un consejero familiar, un profesional, un “amigo” en fin, alguien. Se necesita un cernidor, alguien en quien volcar todo el enojo y la frustración que se tiene dentro. Todo antes que dar el brazo a torcer. ¿Le suena familiar algo de esto? Es normal que haya diferencias con nuestros familiares. También que se suciten discusiones, no somos iguales. Sucede que fallamos en la forma en que resolvemos esas situaciones.

Reencontrando la ruta de la armonía

Le voy a dar tres herramientas, para que pueda enfrentar situaciones en su familia. Trabaje en ellas y le serán de gran ayuda. Aprenda a escuchar. Es un arte que hay que desarrollar. Tenga paciencia para escuchar a los demás antes que hablar. Nos gusta que nos escuchen pero no sabemos escuchar a los demás. Aprenda a comunicarse. Hay formas de decir las cosas y expresar nuestras ideas sin necesidad de chocar con los demás. Pero no se quede callado exponga sus puntos de vista. Tercero y no menos importante, Aprenda a perdonar y a perdonarse. Ud. y su familia se lo merecen.

Roberto Ferreira

¡Juntos para una familia unida!